martes, 3 de junio de 2008

Arte electrónico vanguardista

El venezolano Orlando Romero-Harrington, es uno de los artistas que representa la vanguardia electrónica.

Conocido en sus intervenciones en el plano iconográfico a nivel internacional (dicen de él, yo no lo conozco), es una de las referencias en cuanto a creación computarizada de imágenes, caracterizada por un deleite en el detalle y la factura digital acompañada de impactantes referencias icónicas que sumergen al espectador en un proceso preceptivo cercano al trance sensorial.

Me gustó esta obra de las que se exponen en Espacio Contexto, en Caracas:

El torrente éxito de ‘Sex and the city’

"No hay mujer tan bella como la bien arreglada".

‘Sex and the city’, la serie de televisión que marcó hitos de audiencia para HBO entre 1998 y 2004 en Estados Unidos y que obtuvo una inmensa popularidad en el mundo, cumplió la proeza de convocar al gran público -entre ellos muchos hombres- a ver una historia de 2 horas y 20 minutos donde se caricaturiza la complicidad y desavenencias amorosas de las cuatro amigas.

La trama, con diálogos sin tapujos sobre sexualidad entre las mujeres y ese perfil de mujer independiente que en varios países sacó el estigma de 'minusvalía' a las solteras mayores de 30 años, llega al celuloide reducida a una comedia de humor ligero, arrancando risas gracias a una escena escatológica, una mala palabra o un prejuicio sobre el agua "tercermundista".

Exito en taquilla

La película basada en la serie "Sex and the City" lideró la taquilla estadounidense en su fin de semana de estreno en Estados Unidos, con 55,7 millones de dólares recaudados.

De esta forma, el film sobre la cronista neoyorquina Carrie Bradshaw y sus tres amigas desplazó al segundo lugar a "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal" (46 millones de dólares) después de pasar apenas una semana en la cima de la taquilla.

Reportan las agencias de noticias que otros tratan de aprovechar comercialmente el triunfo de la cinta. Desde bares que preparan cocteles en honor a "Carrie", "Miranda", "Charlotte" y "Samantha", hasta tiendas que ofrecen precios especiales en moda estilo "SATC" ("Sex and the City") demuestran que la industria neoyorquina no quiere perderse millones de dólares que generará el estreno de la película en Estados Unidos.

Suponemos que en pocas semanas estas chicas estarán en los cines de Venezuela. Esperamos que no nos hagan esperar mucho.

El canal CNN en Español prepara para su programa “Ojo Crítico” un especial de media hora sobre Sex and the City, la película. Se trata de reportajes con las cuatro protagonistas e imágenes.
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viernes, 25 de abril de 2008

El arroz va a escasear


Una noticia me tiene impresionado: Va a escasear el arroz. Mi alimento preferido. Ese que médicos y nutricionistas recomiendan consumir, pero moderadamente.
En otras palabras, comenzó la espiral de escasez de arroz.
En Venezuela, tenemos suficiente capacidad no sólo para producir en cantidad suficiente sino también para exportar. ¿Qué esperamos?
Lean la nota en El Universal

miércoles, 23 de abril de 2008

domingo, 30 de marzo de 2008

Las manos de Durero


En siglo XV, en una pequeña aldea cercana a Nüremberg, vivía una familia con varios hijos. Para poder poner pan en la mesa para todos, el padre, un orfebre de profesión, trabajaba casi 18 horas diarias en su comercio y en cualquier otra cosa que se presentara.

Dos de sus hijos tenían un sueño: querían dedicarse a la creación artística. Pero sabían que su padre jamás podría ser económicamente capaz de enviar a alguno de ellos a estudiar a la Academia de Nürenberg.

Los dos hermanos llegaron a un acuerdo. Lanzarían al aire una moneda, y el perdedor trabajaría en las minas para pagar los estudios al que ganara. Al terminar éste sus estudios, pagaría entonces los estudios al que había quedado en casa con las venta de sus obras. Así, los dos hermanos podrían cumplir su sueño.

Lanzaron al aire la moneda un domingo al salir de la Iglesia. Albrecht Durero ganó la apuesta y fue a Nuremberg. El otro hermano, Albert, comenzó el peligroso trabajo en las minas, donde permaneció durante los siguientes cuatro años.

Desde el primer momento, Albrecht fue toda una sensación en la Academia. Sus grabados, sus tallados y sus óleos llegaron a ser mejores que los de muchos de sus profesores, y para el momento de su graduación, ya había comenzado a ganar considerables sumas con las ventas de su arte.

Cuando el joven artista regresó a su aldea, la familia Durero se reunió para una cena festiva en su honor. Al finalizar la memorable velada, Albrecht se puso de pie en su lugar de honor en la mesa, y propuso un brindis por su hermano querido, el que se había sacrificado trabajando en las minas para hacer realidad su vocación y sus estudios.

Y dijo: "Ahora, Albert hermano mío, es tu turno. Ahora puedes ir tú a Nüremberg a perseguir tus sueños, que yo me haré cargo de todos tus gastos".

Todos los ojos se volvieron expectantes hacia el rincón de la mesa que ocupaba Albert. Pero éste, con el rostro empapado en lágrimas, se puso de pie y dijo suavemente: "No, hermano, no puedo ir a Nüremberg. Es muy tarde para mí. Estos cuatro años de trabajo en las minas han destruido mis manos. Cada hueso de mis dedos se ha roto al menos una vez, y la artritis en mi mano derecha ha avanzado tanto que hasta me ha costado trabajo levantar la copa durante tu brindis. No podría trabajar con delicadas líneas el compás o el pergamino, y no podría manejar la pluma ni el pincel. No, hermano, para mí ya es tarde. Pero soy feliz de que mis manos deformes hayan servido para que las tuyas ahora hayan cumplido su sueño".

Mas de 450 años han pasado desde ese día. Para rendir homenaje al sacrificio de su hermano Alberto, Albrecht Durer dibujó las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Llamó a esta poderosa obra simplemente "Manos", pero el mundo entero le cambió el nombre por el de "Manos que oran".

Hay gente que puede sentirse orgullosa de lo que hace; no obstante, será difícil encontrar uno que demuestre que su triunfo se debe a él solo.

martes, 25 de marzo de 2008

Yoani busca abrir grietas en el muro castrista

Mauricio Vincent, El País

Yoani Sánchez, creadora de un 'blog' contestatario, busca "abrir grietas" en el muro castrista. Comemos en El Aljibe, restaurante criollo que sirve pollo en salsa, arroz, frijoles, plátano frito y ensalada, a 10 euros el menú, aproximadamente la mitad del sueldo de un académico. "¡Imagínate! ¡Vengo aquí por primera vez!". Los frijoles negros le encantan, pero, confiesa, "no fue por nostalgia" que regresó a Cuba.

Su historia no es común. Está casada con el periodista Reynaldo Escobar, y su hijo Teo es un ciclón de 12 años. "La de mis padres fue la generación del desencanto, la mía es la del cinismo y la de Teo trae la doble moral codificada genéticamente". Yoani estudió Filología Hispánica. "Éramos unos veinte en el aula. De aquel grupo quedamos en Cuba menos de la mitad.

Yoani y Teo también emigraron a Suiza, pero decidieron regresar. La vida fuera de Cuba fue más dura de lo que creían, y la reunificación con su esposo resultó imposible. "Pero volver fue un problema. Como las autoridades nos consideraban quedados sólo podíamos entrar de turistas". En un viaje familiar, hace tres años, rompió el pasaporte y se presentó en Inmigración. "Tremenda sorpresa cuando me dijeron: 'Pida el último en la cola de los que regresan".

En marzo, poco después de un plante de intelectuales conocido como la guerra de los e-mails, Yoani creó Generación Y, su blog. "Aquella protesta fue importante: por primera vez un dedo acusador señaló directamente al poder, y demostró que Internet era un soporte incontrolable". Generación Y comenzó como una "terapia personal", después de que no le resultaran "el silencio ni la evasión". "Hice yoga, practiqué taichi y hasta probé con el gimnasio, pero nada". Poco a poco, colgar en la Red sus "desencantadas viñetas de la realidad" se convirtió en una razón para existir, en un pequeño piolet "para tumbar los muros" y edificar el país en el que le gustaría vivir.

Pide una botella de ron Havana Club. En la etiqueta dice "Bienvenido a Cuba". "¡Compadre! ¡Cómo que bienvenido a Cuba, si ya estamos aquí!". Se confiesa pesimista. "Este sistema está agotado; ha demostrado su imposibilidad de proveernos si no de sueños, al menos de realidades concretas mínimamente reconfortantes".

Irse no es una opción, pues ya ha regresado: "La vida no está en otra parte, está en otra Cuba".

El esposo: Reinaldo Escobar (60), periodista.