Por obra de la muy rentable industria de las reputaciones ajenas - y con una velocidad pasmosa- Ingrid Betancourt ha pasado, de heroína a blanco de la más implacable maledicencia sobre su vida sentimental. Una cosa ha quedado clara con esto: tristemente, aquí y en cualquier parte del mundo, el morbo se sigue alimentando fundamentalmente de la conducta sexual femenina. Lean completo este magnífico artículo de Paulina Gamus en El Tiempo.com.ve de Puerto La Cruz, el periódico donde me inicié hace algunos años (no tantos) y mi post anterior titulado Ingrid Betancourt es presa de la curiosidad y el morbo colectivo, publicado el 13 de julio pasado.
La imagen que prefiero de Ingrid Betancourt: contenta

Lean la nota de El Universal de México
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