Mostrando entradas con la etiqueta Montejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Montejo. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de junio de 2008

Ibsen Martínez: Homenaje a Montejo


Por: Ibsen Martínez ( *)

“Escribe claro. Dios no tiene anteojos”.
Eugenio Montejo, Práctica del Mundo


El mito de Orfeo, tan frecuentado y enigmático, le sugirió una vez a Montejo un poema que yo, en lugar de asociarlo con Rilke o con el sesudo y bien averiguado ensayo de Ivan Linforth, asocio invariablemente con Dinu Lipatti, Glenn Gould, Bill Evans o Chano Pozo.

El único de esos mis intérpretes favoritos, muertos todos en plena juventud, que sigue haciendo música —igual que la cabeza de Orfeo, aun cercenada— , y que no fue pianista es Chano Pozo. Explicar esa excepción me derrota por completo.

La cosa se manifiesta cuando me tomo unos tragos al final de la jornada y escucho, pongamos por caso, a Bill Evans. Siempre llega el momento en que pienso al mismo tiempo en mi hermano muerto prematuramente —también él pianista— y en el poema de Montejo, del que, sin ayuda de una antología, sólo puedo recordar el primer verso.

— “Orfeo, lo que de él queda (si queda)”—, que repito entonces como un mantra y que comparto enseguida:

ORFEO

Orfeo, lo que de él queda (si queda),

lo que aún puede cantar en la tierra,

¿a qué piedra, a cuál ánima enternece?

Orfeo en la noche, en esta noche

(su lira, su grabador, su cassette),

¿para quién mira, ausculta las estrellas?

Orfeo, lo que en él sueña (si sueña),
la palabra de tanto destino,

¿quién la recibe ahora de rodillas?

Solo, son su perfil en mármol, pasa

por entre siglos tronchado y derruido

bajo la estatua rota de la fábula.

Viene a cantar (si canta) a nuestra puerta,

a todas las puertas. Aquí se queda,

aquí planta su casa y paga su condena

porque nosotros somos el Infierno.

(Muerte y memoria, 1972 )

El extraordinario ensayista que fue también Montejo resplandece en su discurso de aceptación del VII Premio Internacional Octavio Paz.

Hacia el final del mismo, Montejo interroga la idea que cada quien se hace del poeta en los tiempos actuales y de “cuál misión se le supone tácitamente encomendada”.

El poeta ofrece algunas respuestas, como la del brasileño Casiano Ricardo, por ejemplo. O la de Mallarmé, que a más de un siglo no han logrado todavía reducir a tópico. Al cabo, Montejo llama la atención sobre una que, en sus propias palabras, “cuenta con el prestigio de provenir de la era prehispánica, ya que se debe a los náhuatl. Para ellos, que veneraban las formas de expresión noble y cuidadosa, según afirma Miguel León Portilla, el poeta o narrador, el Tlaquesqui era aquel que al hablar hace ponerse de pie a las cosas”.

No sé si a usted, pero a mí me parece que en esa definición náhuatl calza cabalmente al poeta que hemos perdido y que pudo escribir, en Trópico Absoluto, sabidurías como : “Prefiere tu silencio y déjate rodar, / la teoría de la piedra es la más práctica”.

* (Ibsen Martínez / Especial para El Espectador)
.

viernes, 6 de junio de 2008

Murió el poeta Eugenio Montejo

Falleció el poeta Eugenio Montejo, quien fuera Premio Nacional de Literatura (1998) y premio internacional Octavio Paz (2004). Ejerció como director literario de Monte Ávila Editores y como consejero cultural de Venezuela en Portugal.

Cobró notoriedad internacional por la cita que hizo el actor Sean Penn en la película 21 gramos, dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu: "La tierra giró para acercarnos/ giró sobre sí misma y nosotros/ hasta juntarnos por fin en este sueño".

Fue autor de dos colecciones de ensayos y de varios libros de poesías entre los que se cuentan Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), Trópico absoluto (1892) Alfabeto del mundo (1986) y Fábula del escriba (2006), entre otros.



(Diego Luna y Liz Gallardo en la película Búfalo de la Noche).

La tierra giró para acercarnos,
giró sobre sí misma y en nosotros,
hasta juntarnos por fin en este sueño,
como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios;
pasó el tiempo en minutos y milenios.
Una carreta que iba para Nínive
llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo,
en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente
llevándonos a bordo;
no cesó de girar un solo instante,
como si tanto amor, tanto milagro
sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito
entre las partituras del Simposio.

Eugenio Montejo (Caracas, Venezuela, 1938)

AMANTES

Se amaban. No estaban solos en la tierra;
tenían la noche, sus vísperas azules,sus celajes.
Vivían uno en el otro, se palpaban
como dos pétalos no abiertos en el fondo
de alguna flor del aire.

Se amaban. No estaban solos a la orilla
de su primera noche.
Y era la tierra la que se amaba en ellos,
el oro nocturno de sus vueltas,la galaxia.
Ya no tendrían dos muertes.
No iban a separarse.
Desnudos, asombrados, sus cuerpos se tendían
como hileras de luces en un largo aeropuerto
donde algo iba a llegar desde muy lejos,
no demasiado tarde.
.